El zumo de licuadora perfecto

Preparar cualquier zumo o jugo en una licuadora es realmente sencillo: solo tenemos que colocar todos los ingredientes en nuestro electrodoméstico y hacerlo funcionar. En solo un par de minutos, tendremos un fantástico zumo listo para tomar.

¿Todos los zumos de licuadoras son buenos?

Si buscamos por Internet, seguro que encontramos miles de recetas, pero, ¿estás seguro de que todas son beneficiosas para ti? Si quieres sacar el máximo partido de tu licuadora Moulinex, aprende qué debe contener exactamente el zumo de licuadora perfecto. Conociendo bien los ingredientes que debes utilizar, podrás utilizar tu licuadora siempre que quieras y cuidar tu salud fácilmente.

Vitaminas y minerales para tu jugo de licuadora

Cuando la exposición a los radicales libres es superior a lo que el organismo puede manejar gracias a sus enzimas y al aporte de sustancias antioxidantes en la dieta, se habla de “estrés oxidativo“, y este fenómeno está relacionado además del envejecimiento, con las enfermedades degenerativas.

Los radicales libres pueden afectar cualquier tejido, pero es importante resaltar el efecto que tienen sobre las células nerviosas, el tejido vascular, favoreciendo la
formación de placas de colesterol, la elastina (proteina que forma parte de la estructura de los tejidos y que les confiere elasticidad) y el colágeno, comprometiendo la flexibilidad de las articulaciones y de la piel.

Por supuesto que a la hora de reducir la formación de radicales libres en nuestro
organismo es importante minimizar la exposición a los factores antes señalados. Esta neutralización no solo resulta de utilidad cuando se trata de mejorar la elasticidad de la piel, sino también como una forma de reducir las probabilidades de enfermedades degenerativas. Sin embargo, algunos de ellos, como la exposición a contaminación ambiental (gases producto de la combustión), son inevitables para quienes vivimos en ciudades. Otra forma de contribuir con el bienestar de nuestro sufrido organismo es incluir en la dieta sustancias reductoras, es decir, antioxidantes que puedan neutralizar esos radicales

Los antioxidantes: esenciales para nuestra salud

¿Y cuáles son estas sustancias? Muy bien, algunos componentes de los alimentos como vitaminas (A, E, C), minerales (zinc, selenio), y otras sustancias provenientes de fuentes vegetales (flavonoides, polifenoles), actúan como potentes antioxidantes. Daré algunos ejemplos:

La vitamina A, la cual pertenece al grupo de las liposolubles, lo que significa que se disuelve en grasas, puede estar presente tanto en alimentos de origen animal, como vegetal. En su origen animal se presenta como retinol, que se encuentra en pescados grasos, huevos, lácteos (no desnatados), hígado, etc. El retinol se utiliza en forma directa y es almacenado en el hígado. Con respecto a los vegetales, está presente en forma de su precursor, el beta caroteno, que es la sustancia que da su color rojo o anaranjado a muchas frutas y vegetales. Podemos encontrarlo en las zanahorias, la calabaza, el albaricoque, la papaya, etc. Debemos prevenir que siendo una vitamina liposoluble, su consumo en exceso también puede tener consecuencias. Si la capacidad del hígado para almacenarla se satura puede comenzar a depositarse en la piel, confiriéndole un color amarillento, que se diferencia de la ictericia en su tono ligeramente naranja, y en que no afecta la conjuntiva ocular.

La vitamina E, también soluble en grasa, está presente en los frutos secos (almendras, avellanas, nueces, etc.), las aceitunas y el aceite de oliva, el salmón, la papaya, la acelga, el aguacate, etc. Algunos estudios han relacionado su consumo excesivo con enfermedades cardiovasculares y descalcificación, además de aumentar las posibilidades de sangrado en caso de cualquier trastorno de la coagulación preexistente.

Sin embargo, estos efectos corresponden a dosis extremas de suplementos, lo cual supera con mucho el aporte que se puede alcanzar con los alimentos.

La vitamina C es una vitamina soluble en agua, y presente en numerosas frutas y vegetales. Entre los alimentos más ricos en ella están el pimiento rojo, el perejil, la grosella, los berros, la guayaba, el kiwi, la col de Bruselas, la papaya, la naranja, etc.

Aunque su exceso se elimina por la orina, un consumo exagerado (más de 2 ó 3 gramos diarios) puede ocasionar molestias digestivas y favorecer la aparición de cálculos renales.

¿Qué minerales necesitamos?

En primer lugar, el zinc. El zinc interviene en numerosas reacciones metabólicas y está relacionado con la reparación de tejidos y la síntesis de proteínas, incluido el colágeno. Está presente en las semillas de calabaza, el chocolate amargo, el ajo, el ajonjolí, los garbanzos, el germen de trigo, etc. Otro mineral importante como antioxidante es el selenio, presente en los frutos secos, en especial el anacardo, en semillas de calabaza, el ajo, el pepino, la lechuga, espinaca, tomate, ciruela, uva, melocotón, etc.

Los flavonoides

Estas son sustancias que se pueden encontrar en los alimentos de origen vegetal y que no pueden ser sintetizadas por el organismo. Tienen efecto antioxidante, así como antiinflamatorio y antibacteriano. También favorecen la circulación sanguínea. Se pueden encontrar en las uvas y el vino, los arándanos, el té (verde y negro), los cítricos, la manzana, las fresas, la remolacha, el brócoli, el chocolate amargo, etc.

Así que, por lo visto, “todos los caminos conducen a Roma”. En términos generales, el mismo tipo de alimentación balanceada que nos permite alcanzar un peso adecuado sin someter al organismo a situaciones que descompensen su fisiología, nos ayuda a mejorar la elasticidad de la piel, evitando la flacidez. Debo advertir, sin embargo, que pueden presentarse casos en los que, bien sea por factores de edad o de ruptura de las fibras colágenas por estiramiento extremo, no sean suficientes las medidas preventivas aquí expuestas, y el paciente deba recurrir a ayuda especializada para resolver el problema.

La aparición de pliegues en la piel como consecuencia de la pérdida de peso depende de la elasticidad de este tejido, la cual está determinada por el colágeno. Esta proteína resulta afectada por factores como la edad y la genética, pero también influyen otros elementos, entre ellos el estrés y la dieta, en la cual deben evitarse los alimentos que produzcan radicales libres. Bajar de peso en forma progresiva, y acompañar el proceso con una alimentación balanceada y ejercicio, también favorecen la adaptación de la piel.”